
En el 2009 salió a la luz un documental producido por el reconocido artista visual brasileño Vik Muniz el cual muestra cómo los recolectores de material reciclable son rechazados y marginados debido a su trabajo. Vik Muniz, uno de los artistas más reconocidos a nivel mundial, decidió ayudar a los habitantes de Jardim Gamacho, en Brasil. Al principio, Muniz está concentrado en fotografiar a esta población, con la finalidad de vender sus fotografías, y poder aportarles una ayuda económica. De hecho, en los primeros minutos nos damos cuenta de que ignora las características del territorio y la población. Sin embargo esto no lo hace retroceder y decide aventurarse. Por lo tanto, en un principio podemos ver un hombre que utiliza sus medios para poder ayudar a aquellos que viven en condiciones deplorables, como las de él durante toda su infancia. De esta manera podríamos pensar en él como alguien con el deseo de ayudar, porque le hubiese gustado que lo hicieran cuando él más lo necesito. No obstante, a lo largo del documental se aprecia una transformación del artista, debido que al interactuar con los trabajadores se involucra con ellos, generando que la obra vuelva algo personal y cercano, y no un hecho lejano o aislado, que representa únicamente una simbología. El artista, en este caso, se involucra directamente en el entorno del que pretende dar cuenta con su obra.
A través de testimonios de los recicladores se relata cómo gran parte de la sociedad aborrece este tipo de trabajo teniendo a los trabajadores de este oficio en un concepto peor que el de dedicarse a la prostitución o el expendio de drogas ilícitas, llegando a casos como el de Magna, una mujer que en principio se sentía avergonzada de su trabajo y se lo ocultaba a su familia.
Con este filme podemos evidenciar cómo la sociedad ejerce presión sobre las personas, diciéndoles qué deben hacer, cómo deben hacerlo, en dónde deben hacerlo y quienes no cumplan con estos “estándares” simplemente son rechazados, relegados a un ‘ghetto’ lejos del resto de la población y cuando alguna de estas personas se intenta relacionar con el común es menospreciada.
Una crítica muy importante que también encontraremos aquí es qué se considera basura y qué no. Libros muy raros, por ejemplo, son hallados en perfectas condiciones como si los poseedores original no supieran lo que tenían en sus manos y simplemente decidieron echarlo a la basura sin siquiera revisarlo. Es en este tipo de ocasiones cuando debemos preguntarnos qué tan buen uso le damos a las cosas y cómo podríamos aprovecharlas de mejor manera.
Algo muy relevante a destacar es la relación entre los recolectores y el resto de la sociedad, pues aunque la mayoría los haga a un lado éstos no ven al resto de forma negativa sino todo lo contrario, buscan dar ejemplo y pasar lo que saben a futuras generaciones. Más que una puesta en escena a los recolectores es una fuerte crítica a la cantidad de basura que hoy en día se está produciendo a diferencia del pasado. La isla representa la pobreza de una zona marginada en su sentido más sencillo. Es completamente simbólica desde el punto de que es una muestra de cómo la pobreza se manifiesta en nuestra sociedad, además de que toma sus personajes principales y los resalta como una manera de explicar el punto del documental. A partir de diferentes puntos de vista, se evidencia que la pobreza no es singular ni definida, sino que posee cierta pluralidad que la hace ser diferente para la persona a la que afecta.
Si observamos los casos particulares de cada uno de los protagonistas del documental, veremos como la experiencia de trabajar con Vik Muniz les cambia la vida, incluso al propio artista le cambia la forma de ver las cosas, se humaniza su mente, comienza a apreciar a las personas con las que trabaja y decide ayudarlos haciéndolos beneficiarios de parte del dinero recaudado en las subastas como manera de aportar algo con el objetivo de mejorar la calidad de vida.
En el caso de Tiao y Zumbi, después del trabajo realizado con el artista decidieron seguir trabajando en la planta recolectora pero con la meta de ayudar a que las condiciones de trabajo y vida de los empleados y sus familias sean más dignas, brindando nuevas tecnologías como computadores y una biblioteca con más de 7.000 libros que son usados por los niños mientras sus padres trabajan en el Jardín Gramacho. Tiao es actualmente el presidente de ACAMJG (la Asociación de Reciclaje de Jardim Gramacho)
Por otra parte las mujeres del documental se apartaron de la planta recolectora, con el dinero que recibieron compraron sus propias viviendas lejos del lugar y algunas persiguieron sus sueños y su vocación, por ejemplo Irma, quien era la cocinera del Jardín Gramacho con el dinero montó su propio restaurante.
Isis, quién odiaba la basura se retiró del Jardín Gramacho pero luego del trabajo con Vik le encontró un valor distinto a estos residuos, por lo cual llegó a trabajar con una diseñadora de joyas la cual usa joyería reciclada, siguiendo así su pasión por la moda.
Un equipo de personas que por cosas de la vida, del destino tal vez, se unió para darle marcha a esta iniciativa que pretende dar una lección de vida. ACAMJG no es basura ni reciclaje, es una propuesta de cambio, es una opción, una mirada al mundo para ver qué está pasando y cómo podemos aportar a mejorarlo.
Wasteland para muchos es una aguja que rompe la burbuja en la que han estado viviendo y muestra el problema de basuras que tenemos en el planeta. Más importante aún, el documental hace un fuerte énfasis en que no siempre se encuentran solo escombros en estos lugares, a veces también hay personas, y contrario a lo que piensen algunos estos seres son bastante interesantes y tienen historias para compartir y enseñarnos cómo seguir adelante aun cuando la vida nos ponga retos que nos parezcan difíciles de afrontar.